Inmigración y delincuencia.


El otro día, postrado en mi silla maravillosa, frente al escritorio de mi casa, con las manos fijadas en el teclado y la vista situada en el ordenador, mantenía una larga y calurosa discusión sobre la inmigración en España y el vínculo que se establece sobre ésta a la delincuencia.

A veces pecamos de ignorantes, somos humanos, cometemos errores y es normal. Esos errores se llaman discriminar, generalizar y omitir, y reflejan nuestros síntomas de intolerancia frente a situaciones que se escapan de nuestra razón.

Según los argumentos que se me exponían que vinculaban fervientemente la inmigración (curiosamente proveniente de países latinoamericanos o africanos, en ningún momento se incluían a los germanos, británicos o galos…) es que en las cárceles españolas hay un alto índice de inmigrantes presos, éste numero debe tomarse con pinzas, porque el índice es respecto a la población censada de las mismas características. En el año 2001 según un estudio de Juan Avilés de la UNED, el porcentaje de inmigrantes en las cárceles sólo representaba un 8,6% incluyendo africanos, asiáticos, europeos y americanos; ello refleja que un 91,4% del porcentaje era población autóctona dentro de las cárceles.

A nivel de índices, la población autóctona es más numerosa que la población foránea, por lo que el indica que la población foránea tiene una mayor tendencia de criminalidad, lo que no significa que “estén poblando las cárceles”.

No olvidemos que también se incluye a aquellos que han sido detenidos en las calles por no disponer de toda la documentación legal necesaria para residir en éste país, lo cual no creo que se les pueda vincular con un acto criminal directamente, debemos parar a pensar si quienes establecen las fronteras y nos impiden la libre circulación como seres humanos son realmente los criminales.

Todos hemos padecido alguna vez algún síntoma de discriminación, quien lo niega simplemente miente ¿por qué? porque la discriminación es algo natural, está fundamentada en el miedo (hablamos siempre de discriminación bajo el ámbito del pensamiento) heredado de cuando los seres humanos formábamos tribus nómadas que la primera reacción que realizábamos ante un desconocido era la de discriminarle, apartarlo y si es necesario “hacer que se vaya” utilizando los métodos oportunos. Simplemente refleja una amenaza para la supervivencia de nuestra tribu (sea real o no la amenaza, la percibimos como tal).

Actualmente en nuestra sociedad, existen muchos factores por los que la discriminación se cataloga como un atributo negativo en las personas; la empatía hacia nuestros semejantes, la igualdad social, el sentido de justicia, pero todavía la discriminación es tan fuerte y violenta que quienes la padecen tienen miedo a pedir respeto y dignidad.

Artículo redactado por Patricia Miguel
Artículo redactado por Juan Avilés Catedrático de la UNED

Acerca de fabiancouto

Nacido en Montevideo, Desarrollador de software en @brujula_talk & owner de @TrabajoBalear. Adicto a la ironía y al sarcasmo. En busca de sabiduría y felicidad.

Publicado el 15 septiembre, 2011 en Sociedad y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Saludos Fabian.
    En estos tiempos que corren es muy necesario estar pendientes de este tema así que felicidades por sacarlo a colación.
    Cuando hablo con conocidos que defienden la relación entre inmigración y delincuencia siempre saco el mismo argumento y quedan anulados. La relación correcta no es inmigración-delincuencia sinó: pobreza sin educación-delincuencia. No delinquen los inmigrantes. Delinquen los pobres sin educación. Sucede que los pobres sin educación son inmigrantes en su mayoría. El sistema creado los utiliza y los maltrata. Los expulsa del sistema educativo, del sistema laboral y del sistema social. Les enseña lo que podrían tener y no tienen. Y les presenta formas fáciles de conseguirlo a través de la delincuencia. En cambio, los inmigrantes ricos sean del pais que sean no tienen ni medio problema. En Mallorca, en Marbella, en Madrid, en Suiza… Para mí, esa es la prueba de que la inmigración no tiene nada que ver con la delincuencia. Es la falta de educación y de recursos la que sí tiene una consecuencia directa.

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